lunes, 15 de abril de 2013

El intenso poderío visual de "Enter the Void"

Gaspar Noé no es un director que se haya propuesto encandilar a todo el mundo o ganarse la aprobación de toda clase de espectadores, y tampoco es de esos cineastas que ocultan que son peculiares, Noé va de cara, Noé avisa desde un principio de que lo que vas a ver es distinto, es impactante, es suyo, es a su estilo y puede que no te guste, te guste lo que sea que te guste.

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Así, si en Irreversible abría la película con una secuencia desconcertante y mareante para continuar con una de explícita violencia, en Enter the Void manda un mensaje al espectador desde los propios títulos de crédito: "Este es mi cine, así funciono yo, y si no te gusta, si no es tu cine, entonces aquí no hay nada más que ver, porque así es como yo trabajo, así es como yo dirijo". Una introducción intensa, brutal y especialmente esclarecedora, pues es ni más ni menos que la carta de presentación de un espectacular Gaspar Noé.

lunes, 25 de marzo de 2013

Amour: Dos irresistibles horas de nudo en la garganta

Amour es una patada en el estómago, un puñal clavado en el esófago que se retuerce en un baile desesperante, y a la vez una de las experiencias más intensas y bellas que se puede vivir viendo una película, la sensación de ser uno más de los personajes de la historia, la sensación de vivir en esa casa, de sufrir de verdad el drama, de involucrarte verdaderamente en lo que se cuenta hasta el punto de pasarlo mal, de sentirte mal, de que te duela. Porque Amour duele, porque con Amour se sufre, pero también se disfruta.

Amour
Se disfruta porque no manipula nuestros sentimientos, porque no tortura a los personajes con más y más penurias para regocijo del productor y pena del espectador, que se ve obligado a pasarlo mal porque el director y el encargado de la historia deciden que si el espectador llora y sufre acabará alabando su película. Amour no es manipuladora, no es sentimentalista, no es engañosa, es dura, cruel, incluso un poco perversa, pero a la vez es humana, natural, preciosa y muy dulce. Haneke realiza su película sin más que un limitado reparto, unas pocas estancias de un hogar convencional y los necesarios recursos cinematográficos, porque nunca se ha necesitado más para contar una verdadera historia, porque no se necesitan efectos especiales para hacer cine.

El reparto está alucinante, no sólo la nominada Emmanuelle Riva, el veterano Jean-Louis Trintignant está igualmente sensacional, impresionante. El drama es intenso, no podemos quitar los ojos de la pantalla, la tragedia nos atrapa y miles de sentimientos dominan nuestro cuerpo, miles de reflexiones sobre la vida, la muerte y el amor. Nos preguntamos qué haríamos, qué harían, cómo actuaría la gente, cómo actuaría yo, y cuando queremos darnos cuenta sentimos una fuerte presión en el pecho y maldecimos a Haneke por ser tan cruel, por tener tanta mala leche, por contarnos esta historia de una forma tan sincera, tan directa, tan humana. Porque sólo hay algo peor que contar una historia dura y difícil... y es el saber esa historia es verdadera, que esas cosas pasan, como cuando al final de una película de terror aparecen esa temida frase de "Basado en hechos reales". Me encanta Amour, y no la volveré a ver nunca.

Amour

Amour duele, duele porque es sincera, duele porque sientes que no estás viendo una película, que lo que estás viendo es la vida a través de una ventana. Amour asombra, asombra porque Haneke sin un enorme despliegue de medios le demuestra al mundo lo que es hacer cine, el arte de narrar historias, el poder de mantener al espectador con el corazón en un puño sin necesidad de trucos burdos, sin bandas sonoras que alcanzan su clímax en el momento cumbre del drama, sin preciosos atardeceres, sin arrancarnos las lágrimas jugando con nuestros sentimientos. Amour es cine porque no necesita nada de eso para narrar lo que quiere, porque aquí sólo hay insoportables silencios crueles, porque en el momento más intenso y difícil no se oye nada. En la vida y en la muerte sólo se oyen los llantos y el caer de las lágrimas.

Esto es cine, esto es la vida, esto es amor... Y duele.

domingo, 17 de marzo de 2013

Hay silencios muy elocuentes

Destruida, demolida, derribada, arrasada, derruida, melancólica y triste, así es la Viena de El tercer hombre (The Third Man, Carol Reed, 1949), una ciudad oscura, lúgubre y deprimida, metáfora del ciudadano de la época, metáfora del europeo de entonces. Considerada una de las películas más grandes de la historia del cine y uno de los monumentos del cine negro, la obra dirigida por Carol Reed derrocha brillantez técnica, profundidad narrativa y ríos de talento, orquestada por la mano de uno de los grandes cineastas más olvidados por demasiados entendidos del cine en nuestra época.
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viernes, 15 de marzo de 2013

Un lavado de cara y vuelta al “trabajo”

Siempre he sido una persona que se harta muy rápido de todo, se aburre muy fácilmente con cualquier cosa, se cansa y empieza a pasar de ello. He sentido que estaba ocurriéndome algo así con este blog. En un principio lo achacaba a la Universidad, que más que tiempo me roba imaginación y ganas, y cuando pienso en escribir algo por aquí es como si no encontrase “fuerzas” en ningún sitio. Pero luego pensé que también podía ocurrir que lo que me aburriese fuese el formato de la web, y también el formato de mis entradas.

Llevaba ya unos tres años con el mismo estilo de diseño (tanto en este como en aquel, prehistórico ya, antiguo blog), letras blancas sobre fondo oscuro, la misma historia aburrida de siempre, con los mismos gadgets en la barra de la derecha y todo tan tan tan como toda la vida, así que he cambiado un poco la cosa, y supongo que con el tiempo iré reformando esto de nuevo. También he cambiado la cabecera, que la había hecho hacía año y medio (con algunos retoques hace meses) y se ha llevado un merecido lavado de cara. Ahora está igual de recargada que siempre, pero al menos a mí me gusta más y es más mía, con una colección de algunas de mis películas favoritas.

¿Lo demás? Lo que podéis ver, pero además me he propuesto ser un poco más activo y subir más cosas aparte de críticas y comentarios relacionados con el cine (aunque dado que es lo que ocupa mi tiempo de ocio, seguramente el Séptimo arte siga teniendo el monopolio). Eso sí, me sentía algo estancado en las críticas extensas, tenía la sensación de que aquí sólo podía publicar cosas sobre las que tuviese mucho que decir, y voy a tratar de que esto no sea así y que un mayor espacio para escribir no sea el único motivo por el que suba cosas aquí, de forma que trataré de hacer también críticas cortas y en cierta medida de estilo “objetivo” sobre algunas cosas que vaya viendo y que quizá a los cuatro gatos que estéis aún por aquí os pueda llamar la atención.

Dicho esto comienzo una “nueva era” con mucho cine, más actividad (o eso intentaré) y un buen lavado de imagen. The show must go on.

lunes, 25 de febrero de 2013

Injustos, ridículos y mediáticos, ahora bochornosos

En la historia de los Oscar ha habido muchas burradas, cosas inexplicables, elecciones estúpidas que no se sabía de dónde habían salido, e injusticia, mucha injusticia. Pero a día de hoy ningún entendido de cine duda si los Oscar premian o no premian a la calidad, hemos asumido que son premios mediáticos, que no miran el nivel cinematográfico de una película, que no escogen a las que son mejores, sino que eligen de entre las mediáticas, de entre las que a ellos les gustan, las que consideran mejores, las que consideran más populares o las que consideran que son de estatuilla. Todo esto lo hacen con los premios mediáticos, por supuesto, porque a nadie le interesa la fotografía, la banda sonora, el vestuario o el mejor documental, y es muy curioso que es justo ahí donde los premios son más justos. Interesante, ¿verdad? Da qué pensar.

Por tanto, sabemos por experiencia y sentido común que una película “de Oscar” no es una gran película siempre, sino una película que cumple los caprichosos requisitos de la ridícula Academia. Esto es algo que se sabe, y ningún año nadie se sorprende de que las películas nominadas no estén al nivel de las verdaderas grandes películas o que interpretaciones y trabajos muchísimo mejores no sean premiados o ni siquiera sean nominados. Lo asumimos, todos lo asumimos, yo lo asumo, y nadie en su sano juicio le da ningún valor a la lamentable ceremonia de los Oscar mayor que la pura curiosidad que esta provoca y el interés por saber quiénes serán los ganadores de este año.

Injusticias las ha habido de todos los colores, cada uno tenemos nuestros ejemplos, unos pensamos que son enormes injusticias, otros lo dudan, otros lo niegan. Vienen a la mente escándalos como el Oscar a Chicago, el premio a mejor actor de Roberto Benigni (en detrimento del Edward Norton de American History X), el robo a Uno de los nuestros, el supuesto escándalo de Toro salvaje o aquella curiosidad extraña de que Rocky le robase el Oscar a Taxi driver allá por los años 70. Todos sabemos que en los Oscar se cometen injusticias enormes, que no se premia la calidad, que se premia la más mediática, al que haya puesto más dinero y el nombre que suene mejor y más le guste a los miembros de la Academia. Por eso hice dos listas, una con la que creía que era lo justo y merecido, otra con lo que imaginaba que iba a ocurrir, y todo ha salido más o menos como esperaba que iba a salir (en los premios mediáticos acerté salvo el maravilloso sorpresón de Ang Lee y en los técnicos fallé porque no tuve en cuenta que ahí la Academia es siempre más justa), así que ¿sorpresas? Ninguna.

¿Que es bastante flipante que Daniel Day-Lewis le robe el Oscar a Joaquín Phoenix? Pues sí, la verdad. No creo que nadie en toda la Academia dude de la superioridad de la magnética interpretación del de The Master frente a la camaleónica imitación de Lewis en Lincoln. Hay matices, hay ciertas cosas, pero si lo que se premia es la calidad, Phoenix debería haber salido victorioso, igual que debió salirlo Seymour Hoffman en actor secundario, pero eso ya es otra historia. ¿Que el guión original de Django desencadenado es mejor que el de Moonrise Kingdom? Me parece bastante descabellado, pero es cuestión de apreciaciones ¿Que Argo es mejor película que Amour o La vida de Pi? Pues no se lo cree nadie, pero tampoco es una sorpresa, porque sabemos lo que le gusta a la Academia, tan americana, tan tan suya y de su país.